No doy con la solución a mis problemas

Por más que intento resolver mis problemas, no me siento mejor.

¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo sentirme bien ni resolver mis propios problemas? ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Por qué no doy con la solución a mis problemas? Estas son algunas de las preguntas que nos hacen los pacientes al acudir a consulta por primera vez.

¿Cuál es tu problema?

Puede que tu problema sea tu situación económica, o sin embargo puede que no sientas que estás en el trabajo adecuado, o que tienes mucho estrés laboral, puede que tengas problemas con la comida o quizá con el alcohol o con las drogas, es posible que simplemente no te sientas satisfecho con la vida que tienes o no sepas qué quieres. Estos problemas te habrán generado un montón de sensaciones desagradables y malestar general, y seguramente hayas intentado paliar estas emociones y malestar de mil y una formas. Seguramente hasta hayas intentado borrar de tu cabeza todos estos pensamientos y para ello te habrás esforzado mucho y habrás gastado muchas energías. ¿Y te ha servido todo eso que has intentado? ¿Y si te digo que la solución que estás planteando puede ser parte del problema?

La solución como problema

Sofía se siente sola. Viene a consulta diciéndome «no doy con la solución a mis problemas». Tiene miedo a relacionarse. Hace mucho tiempo la trataron muy mal sus compañeros y desde entonces sale poco de su casa. Ni que hablar de conocer gente nueva. No quiere tener esos sentimientos de ansiedad y miedo así que por eso evita salir y relacionarse. Esto implica en que hay muy pocas oportunidades de que conozca gente y pasa noches y noches en casa sola. Esto hace que cada vez tenga más sentimientos de soledad y rechazo, ¡justo lo que quiere evitar!

Jenny viene porque se siente muy frustrada, su pareja le ha planteado dejarlo porque se siente muy controlado y cohibido. Jenny tuvo una experiencia en su anterior relación en la que le fueron infiel y desde entonces desconfía de lo que le dice su pareja. Esto además hace que ella sienta la necesidad de controlar los mensajes de su teléfono, sus horas de conexión y por supuesto, exige a su novio que no salga con los amigos.

Además, este comportamiento está haciendo que él se sienta insatisfecho en la relación. Jenny ha encontrado una forma de solución a su malestar. Y es que ahora, en el momento en que siente celos e inseguridad, hace desaparecer esa emoción desagradable mirando sus conexiones o llamándole. Por supuesto, esto a corto plazo ¡parece que le hace sentir mejor! Pero ya vemos que, a largo plazo, tratar de eliminar esas sensaciones no le funciona, más bien, empeora la relación, justo lo que más teme.

Gonzalo no sale de su casa apenas porque cada vez que lo hace, siente mareos y un miedo inmenso a desmayarse y hacer el ridículo. Teme que la gente le juzgue, al final, tiene miedo a estar solo y no llevar una vida con valor. En el momento en que sale y siente esa sensación de mareo y miedo intenso, evita la situación y vuelve de nuevo a su casa. Esas sensaciones desagradables desaparecen, por lo que Gonzalo es capaz de tener días sin apenas ansiedad, mientras no realice todas esas actividades que le generan mareo. Cada vez se siente más solo y aislado, también, es justo lo que más temía.

Como ves, todas estas personas son solo tres ejemplos de las mil formas que puede adquirir un problema psicológico. Las manifestaciones son infinitas, tan infinitas como personas con problemas existen. Sin embargo, si prestamos un poco de atención, nos daremos cuenta que en todos los casos sucede algo. Los intentos de solución para encontrarse mejor, son, en realidad, parte del problema.

¿Siempre es malo usar estas estrategias?

Además, todas esas estrategias que usamos para sentirnos mejor a corto plazo las llamamos “estrategias de control”, porque tratamos de controlar cómo nos sentimos en determinadas situaciones. ¿Cuándo es un problema usar una estrategia de control? Siempre y cuando los uses con moderación, sólo en situaciones que pueden dar resultado y sobre todo, cuando el hecho de usarlos no fomente a que dejes de hacer las cosas que realmente te importan en la vida.

Pilar se sentía realmente mal porque había perdido a su marido. Ella había acabado recurriendo al alcohol en algunas ocasiones porque eso le aliviaba temporalmente el dolor que sentía. Aquí podemos ver cómo los intentos de huir de su dolor estaban provocando un problema mayor. Sólo cuando fue capaz de superar esto cuando consiguió abrirse ante sus emociones desagradables y empezó a aceptarlas y hacerle hueco. Esto le permite dejar de luchar con esas emociones, que a priori nos provocan malestar, pero es un dolor natural que está ahí con un sentido de existencia. No podría ser de otra forma por el amor que sentía a su marido. Una vez que dejamos de usar esas estrategias de control, es hora de externalizar las emociones inherentes y nos ponemos en contacto con ellas. Empezamos a sentir un dolor, al cual le damos un sentido. Si no existiese, es que no habríamos querido a nuestra pareja.

Los esfuerzos y energía a partir de ahora iban encaminados a tener una vida llena de sentido. A su alrededor había otros muchos valores desatendidos. Tenía que empezar a regar otras parcelas de su vida que habían estado ahí pero no las había prestado atención. Ella había pasado mucho tiempo de su vida prestando más atención a sus sensaciones desagradables. Es ahí cuando empieza a pasar más tiempo con sus hijos y hermanos. Es ahí cuando consigue retomar el trabajo y sentirse útil. Ese círculo vicioso rompe su inercia y Pilar empieza a dejarse de sentir mal.

A veces queremos dejar de sentirnos mal de una manera inmediata, pero esa inmediatez sólo hace que las estrategias que acabemos usando sean ineficaces. Formas de hacernos sentir menos mal a corto plazo pero no nos llevan a una vida de valor.

Ahora bien, piensa en el problema que tienes a resolver. En las estrategias que estás usando para paliar este malestar y sincérate contigo mismo haciéndote estas preguntas:

  • En primer lugar, ¿Esta estrategia me ha librado de mis pensamientos y emociones desagradables a largo plazo?
  • Por otro lado, ¿Cuánto me ha costado librarme de ellos, en términos de esfuerzo, energía, tiempo, dinero o salud?
  • Por último, ¿Esta estrategia me ha servido acercándome a una vida más valiosa y llena de sentido?

Tomar conciencia de los intentos de solución es el primer paso a tomar. Por supuesto, si tus estrategias de control no han acarreado costes muy importantes y sin embargo te han acercado a la vida que quieres, ¡no es una estrategia problemática!

Ya sabes, la próxima vez que te digas «no doy con la solución a mis problemas», ¡plantéate realmente si estás usando una solución eficaz!

Referencias bibliográficas:

Russ Harris. La trampa de la felicidad: Deja de sufrir, comienza a vivir

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